¿Por qué sortear un nombre en vez de elegirlo?
Porque la clase lo ve ocurrir. Quien da clase emite un juicio treinta veces por hora al decidir quién contesta, y los alumnos llevan la cuenta aunque nadie pretenda que la lleven: los callados aprenden que están a salvo y los lanzados aprenden que son la opción por defecto.
La ruleta saca ese juicio del momento sin sacarlo de la clase. Tú sigues decidiendo quién está en la lista, si alguien se queda fuera hoy y qué pasa después de que salga un nombre. Lo que sueltas es la única parte que a nadie le conviene que sea tuya.
¿Cómo paso la lista de clase a la ruleta?
Cambia la lista a su vista de texto y pega ahí el listado, un nombre por línea. Treinta nombres se pegan en un segundo y la ruleta se redibuja sobre la marcha; una exportación de tu sistema de gestión funciona igual en cuanto queda un nombre por línea.
Guarda la ruleta una vez y mañana sigue ahí. Sin entrar se queda en este navegador; con una cuenta te acompaña al ordenador del aula, al portátil y al móvil. En cualquiera de los dos casos, la lista no hay que escribirla dos veces.
¿Conviene dejar activado el modo eliminación?
Déjalo activado cuando estés recorriendo el aula. Cada nombre deja la ruleta al salir, así que treinta giros llaman a treinta alumnos distintos y nadie sale dos veces mientras a otro no le toca nunca.
Desactívalo para los ejercicios de repaso, donde la gracia es que cualquier nombre puede salir en cualquier momento. El interruptor está en el panel de reglas de la ruleta y no cambia nada de cómo se hace el sorteo.
¿Para qué más sirve esta ruleta?
Es la ruleta de nombres con tu lista encima, así que todo lo que funciona allí funciona aquí. Para dictados y juegos de palabras, la ruleta de letras saca la letra y la clase pone la palabra.
Si recorres la misma lista hasta el final en vez de parar en el primer nombre, tienes un orden de turnos. Si das a cada nombre una papeleta en lugar de un turno, es una ruleta de sorteo.