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Ruleta de basta para sacar la letra de la ronda

Seis letras en el borde, un giro y la ronda ya tiene su letra. El modo eliminación viene activado: la letra que sale deja la ruleta, así que la S de la primera ronda no puede abrir también la tercera. Las que siguen en el borde tienen todas la misma probabilidad.

Esta ruleta ya viene montada para el trabajo. Ábrela en el editor para cambiar la lista, la máquina o las probabilidades.

Cada giro sale del generador criptográfico de tu navegador. Cómo se hace un sorteo explica el método y sus límites.

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¿Qué letras hacen jugable una ronda y cuáles la arruinan?

El basta se juega con el abecedario menos la Ñ, y esa es la única exclusión en la que coincide casi todo el mundo: fuera de ñu, ñandú y ñoño no hay con qué rellenar siete columnas. A partir de ahí decide cada mesa. La K y la W son letras de préstamo y dan poco más que un nombre propio, y la X vive casi entera en xilófono y xenofobia.

El resto depende de tus columnas. La Q funciona si juegas con nombre, ciudad y comida — Quique, Quito, queso — y se cae en cuanto pides río o profesión. Repasa las columnas antes de empezar, quita las letras que fallan en dos o más y pon solo las que quedan. Así una ronda imposible deja de ser mala suerte y pasa a no poder ocurrir.

¿Por qué sortear la letra delante de todos?

Porque «paraste en la K a propósito» es una acusación de verdad, y el método de siempre la invita. Alguien recita el abecedario por lo bajo y otra persona dice basta: en mitad del sorteo hay una persona, y esa persona gana la ronda demasiadas veces.

La ruleta le quita ese momento a todo el mundo. Se gira una vez, encima de la mesa y a la vista, y la letra queda fijada antes de que empiece la animación, no mientras la máquina frena. Nadie tiene que fiarse de nadie, que es una posición bastante mejor para quien sujeta el móvil.

¿Cómo evitas que salga la misma letra toda la tarde?

Con el modo eliminación. Cada letra deja la ruleta al salir, así que seis letras dan seis rondas distintas y nada se repite mientras quede algo en el borde. Es la queja más vieja del juego y se arregla con un interruptor.

Cuando la ruleta se vacía lo dice y se para: eso es el final de una tanda, no un error. Empieza una sesión nueva y vuelven todas las letras, o añade más antes de quedarte sin ellas. Para una tarde larga lo normal son diez o doce, y el borde vacío es la señal de hacer una pausa.

¿Para qué más sirve esta ruleta?

Es la ruleta de letras con una selección encima en lugar del abecedario entero, así que quitar una letra funciona igual que allí. Cuando la ronda pide una palabra y no una letra, la ruleta de nombres lleva la lista que hayas escrito.

Cambia las letras por cosas que representar y el mismo borde sirve de ruleta de mímica. Cámbialas por fotos y hasta quien todavía no lee puede jugar con la ruleta de animales.

Preguntas sobre el sorteo de letras

No están puestas si tú no las pones. La ruleta arranca con seis letras y la lista se edita como cualquier otra: borras una, escribes otra, pegas veinte de golpe. En basta lo habitual es jugar con el abecedario menos la Ñ; el dado oficial de Scattergories, que es el mismo juego en inglés, deja fuera seis letras. La ruleta no opina: sortea lo que haya en el borde, y por eso la selección es la regla.

Aquí no, y no es un olvido. En basta la ronda no la cierra un reloj: la cierra quien termina primero y grita basta para mí y basta para todos. Si tu mesa juega con tiempo, usa un reloj de arena o el móvil que no está girando la ruleta. La duración del giro que hay en los ajustes solo dice cuánto da vueltas la máquina antes de enseñar la letra, y no toca el sorteo.

Sí, y los tres juegos no se ponen de acuerdo sobre las letras, que es justo por lo que la lista es tuya. Scattergories usa un dado de veinte caras que deja fuera Q, U, V, X, Y y Z. El Stadt-Land-Fluss alemán no tiene regla impresa y casi todas las mesas quitan la Q, la X y la Y, porque en alemán no hay ningún país que empiece por esas letras. Pon la versión de tu mesa y la discusión queda cerrada antes de la primera ronda.

Guarda la ruleta y la próxima vez se abre con las mismas letras. Sin cuenta se queda en este navegador; con cuenta te sigue a otro dispositivo, y el enlace pasa el mismo juego de letras a quien organice la semana que viene. Lo que una ruleta guardada no recuerda es qué letras ya salieron: eso vive en el registro de la sesión hasta que cierras la pestaña, así que cada tarde empieza con el borde lleno.