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Ruleta de qué dibujar hoy

Seis propuestas en el borde y un giro. Las repeticiones están permitidas y todos los sectores miden lo mismo, así que no se dirige nada: la gracia es que la restricción venga de otro sitio que no seas tú, y solo por eso cuesta discutirla.

Esta ruleta ya viene montada para el trabajo. Ábrela en el editor para cambiar la lista, la máquina o las probabilidades.

Cada giro sale del generador criptográfico de tu navegador. Cómo se hace un sorteo explica el método y sus límites.

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¿Por qué una propuesta al azar gana a esperar una idea?

Porque esperar una idea es un asunto en sí mismo y se estira hasta ocupar todo el rato que le habías dado al dibujo. Veinte minutos libres se convierten en diecinueve de elegir y uno de agobio. Una propuesta cuesta diez segundos y se lleva la parte atascada, que no es dibujar: es decidir qué se dibuja.

Una restricción que viene de fuera cuesta más de renegociar que una que te pones tú. Puedes convencerte de no dibujar manos. Convencer a la ruleta es más difícil, y es la misma razón por la que en una casa las tareas se sortean en vez de acordarse.

¿Qué hace que una propuesta sirva y no sea solo azar?

Una propuesta útil nombra algo que puedes mirar. «Un dragón» es un género y te devuelve la hoja en blanco con un rodeo; «tu propia mano» la tienes delante, tiene luces y sombras y no se puede fallar de una forma que no vayas a notar. Concreto gana a interesante, y observable gana a imaginado mientras el problema sea empezar.

También tiene que caber en el rato que tienes. Pon en el borde propuestas que se terminan de una sentada — un objeto, una vista, una figura — y deja en otra ruleta las que piden una tarde. Una propuesta abandonada a mitad enseña menos que un dibujo pequeño terminado.

¿Cómo se monta una ruleta alrededor de lo que se te da mal?

Dándole más peso. Si manos y caras son las dos que esquivas, ponles tres sectores a cada una y uno a todo lo demás: saldrán el doble de lo que el azar las mandaría, y el borde enseña esa intención a la vista en vez de esconderla en una lista que escribiste de buen humor.

Mantén la ruleta pequeña y reescríbela cada pocas semanas. Seis propuestas que dibujas de verdad valen más que cuarenta que pasas de largo, y las que ya no te dan respeto han hecho su trabajo: quítalas y pon la siguiente cosa que estás evitando.

¿Para qué más sirve esta ruleta?

Es la ruleta aleatoria con propuestas encima, así que los pesos funcionan igual que en cualquier otra. Para la versión que juegan los niños — dibuja algo que empiece por la letra —, la ruleta de letras es la otra mitad.

Cuando lo que está en blanco no es la hoja sino la tarde, la ruleta de actividades es la misma idea a mayor tamaño. Una lista de bichos en lugar de motivos la convierte en una ruleta de animales.

Preguntas sobre la ruleta de qué dibujar

Dándoles más peso. Una propuesta con peso tres frente a unos sale tres veces más a menudo, y su sector es tres veces más ancho, así que la intención se ve antes de girar y no queda enterrada en la cuenta. El peso nunca hace nada seguro, y de eso se trata: estás inclinando la práctica, no programándola.

Usa dos ruletas y dos giros: la de letras para la letra y esta para el motivo. No hay forma de meterlo todo en un sorteo, y sería peor: dos giros independientes dan parejas que ninguna ruleta sola habría ofrecido, y de ahí sale casi toda la gracia del juego con niños.

Guarda la ruleta y mañana se abre con las mismas propuestas. Sin entrar se queda en este navegador; con la sesión abierta está en lo que cojas después. Casi todo el mundo acaba con dos o tres ruletas guardadas: una de calentamiento, otra con lo que esquiva y otra para piezas largas.

Compartir da un enlace que abre las mismas propuestas en el dispositivo de cualquiera, así que un grupo puede hacer el mismo sorteo diario sin que nadie lo anuncie. Cada persona gira la suya y los resultados salen distintos: si el grupo quiere una sola propuesta, gira una persona y cuenta qué le ha tocado.